Mi Historia
Soy una mujer sensible, intensa.
Y durante mucho tiempo pensé que eso era un defecto.
Me mudé sola a otro país buscando crecer,
construir algo propio
y demostrarme que podía con todo.
Fue ahí, lejos de mi gente y de todo lo conocido,
cuando se rompió la relación con la persona con la que pensaba que iba a estar para siempre.
Me sentí perdida y asustada.
Sin red. Sin manual.
Para sostenerme, convertí el dolor en control,
autoexigencia y en aislamiento.
Viví en piloto automático mucho tiempo
con una sensación constante de urgencia,
como si se me escapara algo que ni yo misma sabía nombrar.
El Punto De Inflexión
Con el tiempo entendí algo que me cambió la forma de ver todo:
la vida pone en tu camino a las personas indicadas
en el momento indicado.
No siempre llegan para quedarse,
pero siempre llegan para enseñarte algo.
En mi caso, esa enseñanza dolió.
Mucho.
Hoy sé que todo ese proceso fue necesario
para llegar a una Lucía más madura,
más consciente,
que se valora
y que sabe lo que aporta a la mesa.
No fue un camino lineal.
Fue una pausa.
Un reajuste.
Volver a mí.